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La primavera es la época del renacimiento, el florecimiento y la renovación de la vida en la Tierra. Y hablando de vida, este mes os vamos a contar una historia:
Hace muchos, muchos años, remontándonos casi al principio de la humanidad y a la religión primordial, se dejaban ver unos seres llamados elementales, creados por las deidades de la naturaleza para proteger y regir las leyes de la misma. Se asociaban a los cuatro elementos (de ahí su nombre): aire (hadas, sílfides) tierra (gnomos, enanos) agua (ondinas, sirenas) y fuego (salamandras), también existieron muchos otros como duendes, ninfas, faunos, sátiros, trasgos…, ahora sólo los reconocemos en nuestros cuentos y leyendas, pero en aquel tiempo habitaban cerca de los ríos, bosques, montes y manantiales. Cada árbol, cada animal, cada planta tenía su elemental que lo protegía en un plano astral. (El ser humano consiguió, en algún momento de su evolución, unir ese elemental con el mismo cuerpo físico, por eso somos “cuerpo y alma”, nosotr@s llevamos integrado nuestro guía interior, ángel guardián o como queramos llamarlo) Durante siglos y siglos, en la edad de oro, humanos y elementales convivían en paz, cuando las culturas eran más respetuosas con la madre naturaleza. Entonces el mundo entero, desde la roca hasta la lluvia, pasando por los seres vivos, era un solo ente, todo era un aspecto de lo divino y esa divinidad se alcanzaba a través de cualquier cosa creada. (La tradición de los elementales es anterior a la primera civilización occidental – la minoica- y –aunque con distintos nombres- común en los cinco continentes, todavía en la edad media se creía firmemente en estos seres, para las gentes eran tan reales como la Tierra misma) Pero un día llegó el desequilibrio… Aconteció que los hombres llamados “civilizados”, dando excesivo énfasis a los dioses masculinos y creando religiones antropocéntricas, con su característico irrespeto por la naturaleza, por los otros seres vivos e incluso por los de su misma especie, con su ruido, con su guerra, con su afán de conquista, con su conducta agresiva y autodestructiva (pues al destruir la naturaleza nos estamos acercando a nuestro propio fin) asustaron, indignaron y espantaron a estos seres puros, los elementales, que se ocultaron y decidieron que nunca más se dejarían ver por nuestros ojos hasta que estuviésemos preparados. Acabaron su ciclo, y la protección de lo natural ha quedado en nuestras manos. Es vital que el hombre respete la Diosa Naturaleza, y la venere como la gran madre que es, en vez de manipularla y servirse de ella egoístamente, causando su destrucción y decadencia… solamente así volverán los tiempos en los que la felicidad reinaba más que el sufrimiento. De los seres elementales ahora sólo nos quedan retazos, imágenes… Representan todo lo bueno que nosotros perdimos. Regalar estas imágenes es un símbolo de buenas energías que deseamos a la persona que las recibe, por ejemplo: Las hadas representan paz, armonía, pureza Los duendes: inocencia, buen humor Los enanos: prosperidad y riqueza. Empieza la primavera con un elemental en tu casa (aunque sea de adorno) y –como dijo Antón La Vey- : “Vivan los viejos sueños!”. Categoría de productos relacionados con los elementales en Alquimiah.  | |  | Hada Grande vestido azul Material: Resina. Tamaño: 32.5 x 17 cm. Peso: 690 gr.
En esta preciosa figura, que transmite toda la armonía de las hadas, destaca la belleza del diseño, el colorido y los detalles del acabado. | | Hada Bronce (Modelo 1)
Material: Resina y bronce. Tamaño: 16.3 x 12 cm. Peso: 690 gr. Exhuberante y original diseño el de esta línea de Hadas, destacan los detalles y el precioso acabado. |
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